Francisco Alberto Caamaño Deñó: su historia y la Revolución de Abril | Diariode3

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Francisco Alberto Caamaño Deñó: su historia y la Revolución de Abril

Francisco Alberto Caamaño Deñó (1932-1973). Líder de la Revolución de Abril de 1965. Presidente del Gobierno Constitucionalista entre mayo y septiembre de ese año. Dirigente de un conglomerado político-militar posterior, con apoyo del Gobierno de Cuba. Jefe de la expedición de Playa Caracoles, en febrero de 1973.

Hijo del matrimonio de Fausto Caamaño y Enerolisa Deñó. El padre se integró desde joven a la Guardia Nacional Dominicana, luego Ejército Nacional, donde siguió el ascenso de Trujillo. Ganó la confianza del dictador, por lo cual llegó a ocupar el puesto de Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, la máxima posición en el escalafón militar.

Caamaño se incorporó a la Academia Naval, con lo que contravenía el criterio paterno y daba muestras de una temprana independencia de carácter. Se dio a conocer entre sus compañeros por su beligerancia. Concluyó sus estudios militares en Estados Unidos y Panamá. Ya oficial del Ejército, hizo una carrera rutinaria, sin beneficiarse del ascendiente de su padre. Para fines de la dictadura, en 1961, había alcanzado el rango de mayor. Todo parece indicar que era partidario del régimen de Trujillo; sin embargo, manifestó resquemores en los tiempos finales, cuando se producían crímenes sonados como el de los expedicionarios de 1959.

En 1962 fue trasladado a la Policía Nacional, donde fue jefe de los Cascos Blancos, un cuerpo antimotines a cuyo frente se distinguió por la beligerancia contra los estudiantes de izquierda. Aunque no participó en la preparación del golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963 contra el Gobierno constitucional de Juan Bosch, hay señales de que lo apoyó. Sin embargo, muy pronto experimentó una crisis moral ante el desbordamiento de la corrupción de la que se beneficiaban los jefes de las instituciones militares. Con el también coronel José de Jesús Morillo López, encabezó un complot para la destitución del jefe de la Policía, general Belisario Peguero. Al fracasar el movimiento, fue protegido por el general Elías Wessin y Wessin, jefe del Cuerpo de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA), principal artífice del golpe contra Bosch y rival enconado de Peguero, pues ambos estaban en pugna por la hegemonía dentro del concierto de los altos mandos.

Poco antes de involucrarse en ese complot, a instancias de su amigo el teniente coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, en enero de 1965 había aceptado formar parte del Movimiento Enriquillo, colectivo secreto de oficiales de todos los cuerpos armados que perseguía el derrocamiento del Triunvirato y la reposición del gobierno de Bosch. Como era el oficial de más alta graduación, pronto pasó a jugar un papel crucial dentro de este movimiento, en compañía de su jefe, el teniente coronel Miguel Ángel Hernando Ramírez. De hecho, Caamaño participó en la preparación del contragolpe iniciado el 24 de abril de 1965.

Le tocó disponer el arresto de los integrantes del Triunvirato en la mañana del 24 de abril. Cuando se perfiló el desencadenamiento de combates con el Grupo de San Isidro, al final de la tarde del 25 de abril, Caamaño sufrió un descontrol producto de la desconfianza por una supuesta traición y se asiló en el consulado de El Salvador. Al otro día salió por instancias de su pariente Claudio Caamaño y del teniente coronel Manuel Ramón Montes Arache. De inmediato, marchó a dirigir operaciones en los alrededores del puente Duarte, objeto de bombardeos de la Aviación Militar desde la tarde del día anterior. Fue partidario de entregar armas a los civiles, al ver este recurso como el único que evitaría el triunfo de la reacción de San Isidro. Participó del criterio mayoritario de no aceptar la creación de una Junta Militar, posición defendida por los generales de San Isidro por orden de los asesores de la embajada de Estados Unidos.

Mientras se recrudecían los combates alrededor del puente y se producía una disgregación de gran parte de los mandos constitucionalistas, en la tarde del 26 de abril, el presidente José Rafael Molina Ureña, quien había asumido el puesto la tarde del día anterior, sin decretos formales, nombró a Caamaño como ministro de Interior y Policía, junto a Hernando Ramírez, de las Fuerzas Armadas. El día 27, a causa de una hepatitis, este tuvo que abandonar el mando, y Molina Ureña designó a Caamaño en su lugar de manera provisional. Mientras dirigía las operaciones defensivas en torno al puente, fue llamado por Molina Ureña a una reunión en la embajada de Estados Unidos. El embajador William Tapley Bennett rechazó servir de mediador ante los constitucionalistas y los instó a rendirse sin condiciones, lo que generó un estado de desconcierto entre los presentes. Caamaño, acompañado de Montes Arache, denunció la postura de Estados Unidos y retornó al puente Duarte. Al final del día la victoria era incontrovertible frente a los tanques del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA).
El 28, ante el vacío del Gobierno Constitucionalista, tras el asilamiento del Presidente y otros dirigentes civiles y militares, Caamaño dispuso la creación del Comando Constitucionalista, con el fin de culminar las operaciones que llevaran a la liquidación de la resistencia derechista en San Isidro. Se planeó la toma de la fortaleza Ozama y del Palacio de la Policía y el ataque posterior a la misma base de San Isidro.

Ante esta perspectiva, el Gobierno de Estados Unidos ordenó la invasión del país. Caamaño encarnó la disposición nacional dominicana a la resistencia. El 3 de mayo, mientras avanzaban las tropas norteamericanas, fue designado Presidente de la República por la Asamblea Nacional reunida de manera extraordinaria, pese a no haber renunciado a la condición de militar. En la presidencia del Gobierno Constitucionalista, logró el liderazgo de todo un pueblo. Se hizo una figura de dimensión latinoamericana como símbolo de la lucha por la autodeterminación. Rápidamente entró en un proceso de radicalización en identificación pasional con el pueblo. Según algunos testimonios, tomó, en contrapartida, una profunda animadversión hacia Estados Unidos.

Ante los ataques de Estados Unidos, tuvo que aceptar negociaciones con el Gobierno de esa nación, a través de la Organización de Estados Americanos, para la designación de un Gobierno provisional que llamara a elecciones. El 3 de septiembre, en virtud de los acuerdos alcanzados, renunció para dar paso a Héctor García Godoy, quien debía gobernar hasta el 1 de julio de 1966.
Los jefes norteamericanos estimularon ataques criminales contra los constitucionalistas de parte de formaciones paramilitares. Esto culminó con el designio de eliminar a la dirigencia militar constitucionalista en pleno en el Hotel Matum de Santiago. Inmediatamente después, García Godoy designó a los jefes constitucionalistas como agregados militares en varias embajadas. A Caamaño le fue asignado el puesto en Londres. En los meses finales de 1965 e iniciales de 1966, Caamaño experimentó una nueva fase de radicalización. Pasó a apoyar el socialismo y estrechó vínculos con el régimen cubano. Se propuso crear una organización secreta de civiles y militares para llevar a cabo la revolución en coordinación con el Partido Revolucionario Dominicano y los partidos de izquierda.

En función de esos preparativos, se trasladó a Cuba en octubre de 1967. Fue recibido por Fidel Castro, con quien llegó a acuerdos de colaboración. Preparó el viaje en forma secreta dado que pensaba retornar a Europa, pero al darse cuenta de que había trascendido su presencia en Cuba, decidió permanecer en la isla. Allí se propuso crear una fuerza estratégica para producir una expedición. No logró un acuerdo formal con el Partido Comunista Dominicano ni con el Partido Revolucionario Dominicano, quedando básicamente aislado en Cuba. Pero sí llegó a un acuerdo con un sector del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, encabezado por Amaury Germán Aristy, que recibió el nombre de Los Palmeros. Se convino en que se trasladarían militantes a Cuba para recibir formación militar con vistas al desencadenamiento de la insurrección en mayo de 1970. Decenas de militantes palmeros y de una rama del PRD se trasladaron al campamento de entrenamiento en Pinar del Río.

Estos planes no pudieron plasmarse. Por lo visto, la dirigencia cubana varió de posición en cuanto a la política de apoyo a los movimientos armados en América Latina. En el aislamiento, Caamaño empezó a ser cuestionado por muchos de sus compañeros, que le achacaban que no se produjera el retorno al país. También estallaron divergencias con el grupo interno de los Comandos de la Resistencia, dirigidos por Germán Aristy, que se quejaban de falta de comunicación.

Tras varios desprendimientos de integrantes del grupo estratégico en el campo y del equipo urbano, después de la muerte de Germán Aristy y tres de sus compañeros, en enero de 1972, Caamaño presionó a las autoridades cubanas para que le permitieran salir hacia el país. Tras meses de un último entrenamiento y largos preparativos, al frente de nueve hombres, llegó por Playa Caracoles el 3 de febrero de 1973.
El pequeño contingente guerrillero protagonizó la hazaña de internarse en cosa de días en el corazón de la Cordillera Central, en la zona de Valle Nuevo. Como no había grupos internos advertidos de la expedición, no se produjo respaldo alguno, pese al ascendiente de que seguía gozando Caamaño. En la tarde del 16 de febrero, mientras descansaba en la zona de Nizaíto, el grupo guerrillero fue ubicado por un destacamento del ejército. Dos de los guerrilleros, Eberto Lalane José y Alfredo Pérez Vargas, resultaron muertos. Caamaño decidió no abandonarlos, por lo que fue capturado herido.

Su fusilamiento fue decidido por la jefatura militar congregada en el terreno, y con seguridad ratificado, probablemente de manera implícita, por el presidente Joaquín Balaguer.


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