Por Marielys Duluc
A las 9:30 salió a escena el esperado. Automáticamente olvidé la odisea del viaje, la avería del autobús, la lucha titánica por un asiento y las filas kilométricas para ir al baño o comprar algo de comer.
Se abrió el telón, desnudando una escenografía impecable, que ambientaba el interior de una casa bohemia e invitaba al romance entre rojo y negro. Un entrada creativa como pocas, modelando al compás de guitarras, saxo, violín y piano; desencadeno las historias que desfilarían durante el concierto. “La cosa está jodía”, se leía en la pantalla, mientras los gritos de miles de fans evidenciaban que esa noche era para disfrutar, ignorando el mundo exterior.
Al sonido del pandero, una mujer con pinta de doméstica de catálogos de lencería, se recostó en la cama y, justo en ese momento y detrás del librero del segundo piso, salió Arjona cantando “Lo que está bien está mal”. Al son de un saxo, el artista bajó las escaleras y entre gritos eufóricos, su público le perdonó la espera. ”Buenas noches Santo Domingo. Es para mí un placer estar aquí una vez más, después de tanto tiempo. Espero que no tengan prisa porque aquí estamos sin tiempo”
Su público acompañó cada estrofa que cantó el guatemalteco desde “ Tanta es mi fe que sin jardín me compré una podadora”, hasta cada palabra de los éxitos “Hay amores”, “Desnuda” y “Sin ti.
La escenografía giró y trajo consigo un teatro, lleno historias visuales en la pantalla y la pieza “Acompáñame a estar solo” protagonizó el momento.
Luego, todo se transformó en un bar y entre las mesitas con manteles, un duelo de violines tuvo lugar. De rivales, la dama de rojo y el caballero de negro, de fondo sonaba Cuba y entre notas y cuerdas, la pasión brotaba en el Estadio Quisqueya.
Del bar, la escenografía pasó a un circo y Arjona filosofó sobre el amor: “Cuando la relación está en su mejor momento, los besos con mejor temperatura, se comete el error de casarse”. Con los ojos cerrados me perdí en las teclas del piano cuando acompañaba “Sin daños a tercero”. Arriba de la carpa volaban las palomas… Volando quizás a otras muertes.
Su éxito “Señora de las cuatro décadas” se convirtió en el himno orgulloso de cada mujer cuarentona. No hubo fémina que no deseara tener cuatro décadas y poder subir a tarima a disfrutar de cerca al artista.
Quizás uno de los momentos más emocionantes de la noche, fue cuando un giro del escenario trajo a tarima a la cantante guatemalteca Gaby Moreno, con quien interpretó a dúo la canción “Fuiste tú”. Sobraban los dedos señaladores, las lágrimas mezcladas con júbilo al cantar a todo pulmón, esta popular canción contemporánea.
Luego de “El Problema” Arjona desapareció de escena, dejando el problema de querer un poco más de su presentación. Tras los gritos y, a petición de su público, con la imagen de un reloj, regresó al escenario y nos regaló su éxito “Minutos”.
No conformes, pedimos y pedimos otra canción. Y haciendo honor al coro “Mujeres lo que nos pidan podemos”, el cantante no pudo negarles a su fans una última pieza, “Mujeres”.
Ricardo Arjona, es quizás uno de los artistas más atacado por “Intelectuales” “Eruditos del arte” y esos que lo escuchan a escondidas. Con su Tours Metamorfosis, reafirmó el amor y admiración de sus fans. Con la espectacular actuación, el esmero en cada detalle y la producción tan bien lograda, el artista demostró por qué emociona cuando canta y el respeto que le tiene a su público.