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Conflicto del salami se inició por la falta de competitividad

La industria cárnica dominicana ha demostrado que está lo suficientemente arraigada en el paladar de los consumidores, cuya fortaleza le ha valido para resistir una de las crisis más incómodas y que ningún sector productivo desearía pasar.

Todo explotó con un informe que dio a conocer el Instituto Nacional de Protección de los Derechos del Consumidor (ProConsumidor), a todas luces con las mejores intenciones, pero que carecía de los rigores o estándares para sostenerse en el tiempo.

¿Qué hacer ante una crisis causada por informaciones dadas incompletas y que en vez de ayudar a los consumidores sembraron incertidumbre en el mercado y en los productores? Las investigaciones sobre este conflicto ubican su génesis mucho antes del 24 de julio de este año, fecha en que la directora de ProConsumidor, Altagracia Paulino, dio a conocer un estudio que encontró que un 15% de las muestras analizadas presentó coliformes (bacterias) fecales, y un 97% estaba por debajo del límite establecido de proteína, que es un mínimo de un 16%, por lo que los consumidores estarían adquiriendo un producto que no aporta el nivel proteico requerido.

Las empresas embutidoras cuestionaron el estudio porque las muestras no se tomaron a la salida de sus plantas de producción, pues no pueden ser responsables de lo que sucede a partir de ahí en términos de salubridad.

Una de las inquietudes que dan origen es el impacto que está teniendo en la producción de carne local el tratado de libre comercio firmado con Estados Unidos y Centroamérica (DR-Cafta), pues a través de los años ha habido una reducción en las ventas y un incremento en la importación de MDM (carne mecánicamente deshuesada), incluso por encima de las cuotas de importación en perjuicio de los productores de carne.

Los informes establecen que los productores de carne se han acercado al gobierno. Lo hicieron en diversas oportunidades por temor a irse a la quiebra. El Estado, de acuerdo con los resultados, se hizo indiferente porque las importaciones son más rentables y a través de ellas no tenían que subvencionar a los productores.

La descripción de los hechos establece que los productores hicieron gestiones en sectores formales e informales, fueron a las empresas más grandes del sector, visitaron el Ministerio de Industria y Comercio, pero no recibieron respuesta.

¿Qué sucedió? Una confrontación de intereses entre productores y empresas, se fragmenta y se rompen las relaciones y eso evoluciona a matices de conflictos personales e institucionales.

Ante la situación, los productores locales de carne entran en conflicto con las empresas cárnicas más grandes del mercado, aquellos que tienen una mayor cuota, las cuales cancelan la compra a los granjeros y de inmediato se inicia el gran conflicto que ha traído como consecuencia una división entre los productores.

Los datos recabados en el sector establecen que entre los productores ha habido amenazas, agresiones, aglutinamientos y una serie de conductas destructivas. Esta cadena de situaciones agravó la crisis.

¿Qué sucedió luego? La construcción de un argumento como consecuencia de la indiferencia del Estado. El plan consistió en difundir la información de que el MDM estaba erosionando la producción local, por lo que el objetivo de llegar al salami, principal usuario de esta materia prima, estaba cerca.

Estadísticas de la Asociación Dominicana de la Industria Cárnica establecen que las empresas Induveca y Sigma importan alrededor del 90% del MDM que se utiliza en la industria local y los restantes actores no llegan al 5%, por lo que al difundirse este argumento el conflicto alcanza una dimensión pública.

Los artífices del conflicto jamás pensaron en los consumidores.

Todo indica que actores del sector productor de cárnicos se acercaron a ProConsumidor para poner a sus ejecutivos en conocimiento sobre lo que tiene el salami, enfocándose en el MDM, ya que su interés era que le compraran la carne y no que “el salami era dañino”. Su preocupación no era la calidad del producto, sino que los embutidores estaban sustituyendo la carne por el MDM importado.

Ante el caso, ProConsumidor se identifica con la causa y se realizan encuentros entre diversos representantes de todos los lados. Afectar a la principal empresa del sector era el objetivo de la estrategia que ya estaba montada.

Hubo una serie de situaciones que tocaron los límites personales entre la directora de ProConsumidor y altos ejecutivos de empresas cárnicas. Algunos hasta se quedaron más de una hora esperando en el antedespacho de la funcionaria para tratar asuntos relacionados con el conflicto. Paulino no los recibió.

Las reacciones se sucedieron en cadena. Las empresas cárnicas más importantes suspendieron el 100% de la compra de carne a los granjeros, por lo que los productores afinaron la estrategia para afectarlas. La opinión pública ya estaba apoderada.

Entonces, ¿qué sucedió luego?, que eso generó una serie de reacciones y su principal objetivo era el primer productor de embutidos, lógicamente porque es el mayor importador de MDM.

LA PASIÓN Y LA RAZÓN:
Las opiniones recabadas en el sector establecen que la situación se les fue de la mano a los granjeros. Entonces entran otros actores que difunden lo del nitrito que al MDM le falta proteína y la confianza del consumidor llega al piso. También ProConsumidor adopta un rol activo porque en medio de la crisis se intenta desmeritar su papel. Los líderes del sector y voceros formales e informales comienzan a dar opinión.

Los discursos eran incongruentes y divergentes, las agencias publicitarias comienzan a moverse porque le suspenden la inversión en medios y luego entonces eso altera la percepción y el principal afectado fue el consumidor.

Este proceso indujo una creencia destructiva en la población, que se fundamentaba en que “el salami es malo, es dañino, es una estafa, los productores de salami han estado engañando al puebloÖ”.

En el sector ha crecido la opinión de que la directora de ProConsumidor, actuando de buena fe y defendiendo a quienes siempre ha defendido, se dejó inducir por una maquinaria que tenía otro propósito, el cual no era el consumidor. Todo se hizo con la contratación, de parte de la Asociación Dominicana de Granja (Adogranja), de una firma asesora de comunicaciones que hizo la estrategia en la que aparentemente cayeron muchos actores que hacen opinión pública.

Como ya alcanzó un asunto de Estado surgirán nuevas normas (en proceso). Ahora se reunió el protocolo para el nuevo estudio. ProConsumidor ha puesto resistencia por nueva norma lo desautoriza de alguna manera.

En conclusión, según los datos, los productores quieren lograr de forma forzada, con la opinión pública, una cuota preferencial que garantice compensar las pérdidas provocadas por los tratados.

El conflicto del salami nace en que los tratados expone su poca competitividad, ellos no están en capacidad de competir con la carne importada, todos los supermercados están llenos de chuleta y pierna, que sustituye a la producción local, más barata, con mejor calidad; entonces el Estado le dio mucho dinero a ellos hace tres años, le dio recursos, financiamiento, préstamos para que se prepararan, ¿Qué hicieron? Se compraron villas, helicópteros, botes y no se prepararon ni invirtieron.

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