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Arroparse hasta donde la sabana alcance

Por: Dr. José Antonio Coll

La economía familiar o domestica bien aplicada, muchas veces nos obliga a arroparnos con nuestra propia sabana, a no ostentar ni a incursionar en acciones de las cuales no podamos responder con responsabilidad y solvencia. Los servidores públicos de nuestro país en el grado más alto principalmente, nos acostumbraron a creer que un funcionario público, era un semi Dios, con derechos insólitos y beneficios que rondaban lo ridículo.

El sinónimo de funcionario, estuvo relacionado con el de JEFE, privilegiado y poderoso, que no tenía obligaciones ni respondía a normas o reglas. Un funcionario era alguien que pretendía estar por encima de los demás. Lo cierto es que en muchos casos las funciones públicas, obligan a tener cierto grado de protección y algunas facilidades para poder ejercer su misión encomendada por el nombramiento o decreto correspondiente.

Al llegar al puesto de referencias, lo primero que hacían era cambiar a todo el personal de staft que allí existiera y solicitar el traslado del personal que tenían en el cargo anterior para que la promoción no fuera individual, sino más bien de SU EQUIPO. Si le parecía poco o humilde el espacio, procedían a modificarlo y a sustituir hasta los vehículos, escritorios y todo lo que pudiera oler al funcionario anterior. Hemos visto funcionarios con cuatro celulares, una escolta de cinco o seis miembros de las fuerzas armadas, con rango de teniente hacia arriba, a quienes les cargan dos choferes, un cuerpo de secretarias, ayudantes y mensajeros particulares y cuando indagamos sus responsabilidades son encargado s de un departamento de cosas sin importancia.

En un país lleno de personas necesitadas de un trabajo donde ganarse el sustento de sus familias, existen cantidades de nominas que se pagan por no hacer nada, ni haber aportado nada y sin estar enfermos y lo que es peor, sin cumplir ni siquiera un horario o servicio de trabajo. Con el nuevo sistema de pago con tarjeta, algunos ni siquiera conocen el edificio de la institución que les regala los fondos cada mes. El abuso indiscriminado de los fondos públicos en facilidades y prebendas a los funcionarios del anillo que dirige, reduce las posibilidades de avance de un país que necesita hasta el más mínimo centavo para educación, salud, transporte, comida, agua luz, deporte y cultura.

El estado tradicionalmente ha sido UN MAL ADMINISTRADOR, lo que la empresa privada le cuesta cien, al estado le vale mil., allí quedan los por cientos que reciben las intermediaciones, las cuotas, las prebendas y la burocracia inefectiva que desarrolla cada proyecto. Cuando las condiciones económicas son insuficientes, entonces hay que hacer una reingeniería, una reformulación y adecuación de lo que hay que hacer, para hacer lo que podamos hacer, dentro de las actividades que nos corresponden.

La política de limitar el despilfarro, el mal uso y de eficientizar los recursos al máximo haciendo ahorros y acopio para llegar a completar los objetivos originales de nuestras funciones, son medidas dignas de aplausos y reconocimientos. Hay funcionarios percibiendo salarios que no se están produciendo, sino mas bien, que se están tomando de áreas en las que pueden rendir un mejor servicio, tan solo para satisfacer las aspiraciones de personas que no disponen ni del rango, ni de las condiciones económicas, ni siquiera en su casa y pretenden hacer ostentaciones al llegar a un puesto público.

Celebramos las medidas, tendentes a racionalizar el gasto, a eficientizar los recursos y a reducir los privilegios de funcionarios que llegan al estado para servirse y no para servir al país. Las instituciones y los funcionarios, que de una forma u otra no disponen de todos los recursos que antes pudieron tener, deben hacer una reformulación de sus posibilidades e ingresos, para poder ARROPARSE HASTA DONDE LA SABANA LE DE.

 


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